“Yo soy rebelde” por Patricia Espinosa en Las Últimas Noticias

A la escasísima producción de ficciones en torno a tomas estudiantiles viene a sumarse este pequeño volumen de Constanza Gutiérrez. Incompetentes , primera novela de la autora, es una alegoría en torno al choque generacional donde los padres son la norma y los hijos la desviación, siendo imposible encontrar algún punto de encuentro entre ambos. Pesea a sus errores, el relato contiene una interesante crítica a los hijos de ciertos sectores burgueses de izquierda que consigue borronear un poco la actitud moralizante en la que suele recalar Gutiérrez.

Mediante el ya manido recurso del fragmento, Laura, la narradora, da cuenta de la vida de diez adolescentes “afortunados y flojos” que se toman el colegio que aborrecen para convertirlo en una suerte de casa okupa. El grupo se instala en su decadente colegio particular, especializado en recibir alumnos expulsados de diversos establecimientos debido a su condición conflictiva. En una obvia concordancia con su perfil de alumnos disfuncionales, la comunidad no genera normas de convivencia, ni un líder, ni división de labores o ideas sobre cómo alimentarse o conseguir dinero. Tampoco les preocupa la policía, que no aparece por ningún lado, ni siquiera como amenaza.

Los jóvenes están casi desconectados de afuera, al colegio le cortaron internet tras de la toma y parecen desconocer la existencia de celulares. Su único trato con el exterior es a través de un grupo de serviles punks, que los proveen de algunas mínimas cosas. La ausencia de preocupación material, organizativa y defensiva, que raya en lo inverosímil, sólo se justifica como una forma de reforzar la simple propuesta alegórica que el relato construye; es decir, esta toma no tiene un trasfondo político-social, sino que es apenas el escenario para representar un conflicto entre adolescentes y padres.

El volumen carece de tensión y de progresión, el tiempo que parece detenido, al igual que las trayectorias de cada personaje. Desde que se instalan en el colegio, cada uno asume que afuera reina el caos y que están aislados. Es frecuente que la protagonista, asumiendo la voz grupal, acuse discriminación social por su pertenencia a un “colegios para echados”. Sentirse víctimas es una constante en estos jóvenes burgueses hastiados de todo, que responsabilizan de su estado a sus padres, quienes les exigían logros escolares y planes de futuro profesional.

La candidez de estos planteamientos sólo es contrapesada por una suerte de crítica social que permite ver que la no pertenencia familiar y social de este colectivo es relativa: “Lo cierto es que, muy en el fondo, existe algún resabio de orgullo. Prefiero mi educación de izquierda a su educación de derecha, prefiero el orden relajado que su estricto pasado de uniforme impecable”. Los adolescentes tienen bastante claro su origen, su pertenencia a un colectivo mayor, ya no colegial, sino de clase, que enorgullece y hace que siempre haya un sitio al cual regresar tras jugar a ser rebelde.

Incompetentes no profundiza en las diferencias de los personajes. Todos resultan tristemente iguales, homogéneos en su condición de cuicos loser y melancólicos. La alegoría que construye Gutiérrez es débil y básica, al igual que su estilo de escritura, que sólo contiene pequeños aciertos, como la presencia de algunas imágenes poéticas respecto a la luz, los espacios y las rutinas del ocio. Donde no hay vuelta atrás es en la construcción de personajes víctimas, que parecen mendigar lástima, porque sus padres no los entienden. Tesis para tercero medio, con suerte.

Incompetentes

Constanza Gutiérrez

La Pollera, 2014, 72 páginas.