“Bajo la carpa del circo”: critica de José Promis a la novela Tony Ninguno en Artes y Letras 14/11/2016 – Posted in: Prensa

Fuente: El Mercurio

Andrés Montero (Santiago, 1990) y la periodista Nicole Castillo forman la Compañía La Matrioska. Según se lee en sitios de la red, son dos cuentacuentos que pretenden entretener y educar a públicos de diferentes edades, y rescatar y difundir nuestra memoria, tradiciones e identidad. Pero además de sus presentaciones como narrador oral, Andrés Montero ha publicado tres libros de cuentos y obtenido varias distinciones literarias. Tony Ninguno , su primera novela, demuestra muy a las claras su familiaridad con el relato breve. Su trama está compuesta por dos secuencias que podrían constituir cuentos independientes: la existencia itinerante y cotidiana del Gran Circo Garmendia, un circo pobre que recorre incansable los pueblos del interior, y la historia de la sorprendente intertextualidad que produce la lectura de Las mil y una noches . De esta última, incluso, podría separarse la extraña historia de Sahriyar, el niño abandonado y recogido por los miembros del circo. El enlace de estos tres argumentos da por resultado una narración que se desarrolla de modo vacilante, como si no supiera hacia dónde dirigirse, pero que a la postre logra encontrar, un tanto forzadamente, el rumbo que la conducirá hacia su desenlace. Pero, si la historia de Tony Ninguno se caracteriza por su titubeo, no sucede lo mismo con la realidad donde se desenvuelve. Desde la partida del texto, las imágenes se sitúan dentro de una atmósfera que quiere distanciarse de la normalidad y que alcanza por igual a los acontecimientos futuros como a la enigmática naturaleza del discurso de Javiera, la joven narradora.

Cuando Javiera es una trapecista de corta edad, llega a la carpa un extraño árabe que pide hablar con Malaquías, el dueño del Gran Circo Garmendia, para solicitar un insólito favor: que cuiden a un niñito silencioso y distraído que lleva de la mano. A cambio ofrece dejarles un antiguo ejemplar de Las mil y una noches advirtiéndoles sobre la antigua maldición que pesa sobre el libro: está condenado a muerte quien lea el último de sus cuentos. Esta escena es relatada por Javiera nueve años después, distancia que le permite afirmar que dicho momento “trastocó para siempre los destinos de todos los que formamos parte de ese circo humilde al que esa mañana había llegado el árabe desconocido…”. A partir de aquí domina en el relato la secuencia argumental que considero mejor construida, más atractiva y convincente: la historia interior, la vida privada del Gran Circo Garmendia. Con sus pequeñas alegrías, grandes miserias y oscuros y secretos pecados justifica que el Tony Frambuesa declare que el circo es la verdad y la ilusión lo que lo rodea. En el momento en que Javiera relata la historia, la muchacha se ha convertido en la principal atracción del circo: en cada función narra con éxito continuado los cuentos de Las mil y una noches . Pero la manera como el lector percibe las pellejerías del humilde mundo circense lo aleja de la realidad cotidiana. La carpa del circo cobija ahora una transformación. Sherezade se ha reencarnado en Javiera y el insignificante niño abandonado por el árabe, a quien los miembros del circo apodan despectivamente Tony Ninguno, ha sido convertido por Sherezade en Sahriyar, el rey que asesinaba a sus esposas después de la noche de bodas. Además, el discurso de Javiera-Sherezade comienza asimismo a entregar paulatinamente intrigantes indicios acerca del lugar y del tiempo donde está situada la narradora para contarnos su historia.

No cabe duda de que Andrés Montero quiso dar a su novela un carácter maravilloso que condujera la historia hacia un desenlace fantástico, pero los resultados no respondieron a sus esfuerzos. Los recursos narrativos que se utilizan para crear una causalidad alternativa de lo normal y cotidiano no poseen suficiente poder de convencimiento. Aun así, Tony Ninguno es una narración que se lee con agrado e interés, y logra adueñarse de la simpatía del lector.

Desde la partida, las imágenes se sitúan dentro de una atmósfera que quiere distanciarse de la normalidad.