“El regreso de dos poetas pop” por Maureen Lennon en Artes y Letras 17/04/2017 – Posted in: Prensa

Fuente: El Mercurio

l autor de Bello Barri o acaba de lanzar su antología El estilo de mis matemáticas (Lumen). Pohlhammer, en tanto, ex jurado de “¿Cuánto vale el show?”, anuncia dos volúmenes inéditos: Bajo la influencia de la poesía (Libros del Amanecer) y La décima es la vencida (La Pollera).

Después de un año 2016 bastante convulsionado (un accidente cardiovascular lo tuvo internado en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile y en situación crítica), el poeta y rockero Mauricio Redolés (1953) -autor de Bello Barr i o y ¿Quién mató a Gaete? – está “renaciendo de las cenizas”. Instalado en un café de la plaza Brasil, mientras come un chacarero y toma té verde, confiesa que estuvo “bastante mal. Hubo 10 días, entre el 31 de agosto y el 10 de septiembre, que tengo borrados de mi mente. El 11 de septiembre recuperé la memoria y me acuerdo que recibí amigos en mi pieza. Vi la muerte. La vi físicamente, como ‘El poeta y la muerte’, de don Nicanor Parra. Le grité y le grité, hasta que se fue. Vino una enfermera y me dijo ‘así hay que echarla’, lo que hizo que la escena fuera mucho más surrealista”.

La editorial Lumen acaba de lanzar la antología de su obra El estilo de mis matemática s y como explica Redolés, en esta publicación cumplió un papel clave Yanko González, poeta, antropólogo y ex decano de la Universidad Austral de Chile. “Yo había publicado una antología anterior y el año 2011 coincidimos con Yanko en un encuentro de poetas en Valparaíso. En un bar, al calor de un ron, me hizo algunas críticas a esta antología. Muchas veces, uno está encerrado en el bosque, lo que te impide ver los árboles. Se sumaron otras críticas, como la de Lorenzo Peirano y de otros amigos, así es que le dije a Yanko González que si le parecía bien habría que sacar una nueva antología y le pedí que la editara. Aquí está libro y me gustó el resultado”.

Mauricio Redolés se reconoce cercano a la poética de Carlos Pezoa Véliz y de Violeta Parra. “Soy y somos muchos los herederos de la Violeta. Como ella, he estado como al ‘aguaite’, es decir, buscando un sitio donde poner una carpa. Ha sido una referencia de vida, una mujer de búsqueda permanente en la poesía, la música, las arpilleras, el charango, el cuatro venezolano, el guitarrón y la música mapuche. Una mujer increíble. Va a pasar mucho tiempo antes de que Chile logre conocer la estatura de esta artista”.

El autor de Bello Barrio vivió entre los 70 y los 80 exiliado en Gran Bretaña. ¿Sueña con regresar a ese país? “Me gustaría estar un año” explica, y añade que “quiero mandar un recado a algún financista que me pueda pagar la estadía, y lo digo en serio. Me encantaría regresar para escribir una novela de lo que fue mi vida en Inglaterra. De hecho, mi próxima publicación con Penguin Random House Mondadori son mis memorias. Son notas que empecé a escribir hace tres o cuatro años, pequeños recuerdos al estilo de Me acuerdo, de Georges Perec: un libro que me cautivó. Ya llevo 150 recuerdos, el más chico de tres líneas y el más largo, de una página y media. Como me decía un amigo periodista, Julio Osses, ‘estás en el modo recuerdo’, y cuando uno anda en ese modo, entra en un túnel y te desesperas. Estás al borde del olvido. Empecé en esa tarea y me está ayudando un amigo, Eduardo Leiva, porque aún tengo parte de mi cuerpo sin sensibilidad”.

¿Se considera un poeta pop? “En el sentido de poeta o artista popular, absolutamente. Está la influencia de la cultura británica de los 80 en mi creación. En los 90 me entrevistaron para una revista uruguaya y al periodista le dije que mis grandes influencias eran, entre otras, Los Iracundos: un grupo pop de Paysandú, cuyo vocalista, Franco, murió hace años y para mí fue muy importante (tararea la canción: ‘Si quisieras pelear pensando que tu santo no comprendo…’). Me encanta también Donald, con ‘Las olas y el viento y el frío del mar…’. Son artistas que la academia mira tan en menos y que para mí tienen valor. Me considero un pop humilde, pero no rasca”.

Ebrio de poesía

Erick Pohlhammer (1955) se maneja como “pez en el agua” ante la grabadora y las luces del fotógrafo. En el jardín de un edificio ñuñoíno saluda a todos los que llegan al sector de la piscina, como una verdadera estrella de cine. Y no cabe duda, es uno de los poetas chilenos más mediáticos. Su fama, hay que decirlo, se la debe al programa “¿Cuánto vale el show?”, donde se desempeñó durante varias temporadas como jurado. Hace tres años, en Canal 13, fue uno de los protagonistas del reality “Generaciones cruzadas”.

“A mí me interesa la televisión”, señala y añade que “me da lo mismo lo que me digan. Para mí, la pantalla es un medio para decir un poema. Hace unos días me entrevistó Tomás Cox y actué en la película ‘Hecho bolsa’, de Felipe Izquierdo -a quien encuentro una persona brillante-, y en una escena le leí unos versos: ‘Si no quieres quedar hecho bolsa, vuelve a tu balsa interior y ahí descansa’. También participo en un programa muy lindo que se transmite por redes sociales: ‘La ruta del poeta’ , que está a cargo de Raúl Peñaranda, y dicto talleres y clases. Son todas estas instancias para divulgar la poesía”.

¿Le gustaría integrarse a un reality de poetas? “Ese es un proyecto que se lo propuse a Sergio Nakasone, productor de Canal 13, y lo está evaluando. Sería una revolución. Los poetas son las personas más lúcidas y con más sentido del humor que existen en Chile. Mete a 20 poetas en un reality y tienes un espectáculo viviente”, dice.

Desde 2007, con Vírgenes de Chile , que Erick Pohlhammer no publica un volumen inédito. Diez años después reaparece en la escena literaria con dos novedades. En mayo lanzará Bajo la influencia de la poesía (Libros del Amanecer), y un mes más tarde, La décima es la vencida (La Pollera).

Del primer volumen rememora con humor que -hace 12 años- deambulando por las calles de Valparaíso, exultante después de leer a Rainer Maria Rilke, junto a una amiga y profesora de literatura, fue detenido por Carabineros. “Los dos caminábamos felices como ese poema de José Miguel Ibáñez Langlois ‘Yo canto y bailo porque Dios existe’, y nos detuvieron porque creyeron que estábamos ebrios. Pero no estábamos caminando ebrios de alcohol, sino ebrios de la poesía. Como soy bueno para improvisar, leí un soneto y el carabinero se desternilló de la risa, me abrazó y me dijo ‘un aplauso al poeta’, y escribió ‘bajo la influencia de la poesía, no será detenido’. Fue un momento muy genial”.

A este libro lo define como “un registro de las formas poéticas desde Homero hasta nuestros días. En este poemario, el yo, el hablante, está bajo la influencia sobre todo del Siglo de Oro Español, porque es en este período donde emergen los cisnes de los lagos y las sirenas, emergen las principales formas métricas: el soneto, la lira y la sextina. El libro es un tributo a la poesía pero, por sobre todo, un tributo a la poesía castellana”.

En 2007, Ignacio Valente escribió en “El Mercurio” que “es toda la escritura de Pohlhammer la que se remonta a Parra”, y valoró “la gracia ligera y empática de un poeta que no se toma en serio a sí mismo ni a la poesía, ni pretende ser nadie en especial”.

Erick Pohlhammer afirma “que don José Miguel Ibáñez, de manera muy lúcida, ha visto influencias de Parra en mi obra. Soy un gran admirador de Nicanor, pero no me gusta que me tilden de parriano. El autor de Poemas y antipoemas corresponde a un 15% de todas las influencias, el 85% restante suma otras tres vetas o ríos expresivos: el Barroco, el período Clásico y la poesía mística. En mi obra, además, se diversifican muchas influencias: el Siglo de Oro, el dolce stil nuov o, la poesía alemana y la poesía chilena, de Vicente Huidobro hasta nuestros días”.

Radicado desde hace más de tres años en Concón, “por el amor y la necesidad de estar permanentemente cerca del mar”, Pohlhammer también impulsa junto a Cristián Guerra, editor de Libros del Amanecer, la Unidad Poética Móvil. “Vamos a ver a poetas que están deprimidos o dedicados al alcohol. Los poetas son ángeles, muchos de ellos -entre los que me incluyo- somos ángeles caídos del catre, pero con alas para volar. Y aunque estén caídos, nos recuerdan, como Hölderlin, que la poesía es ‘la más inocente de las actividades'”.