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“¿Era normal que todos se afeitaran mansamente cada mañana y que se colocaran frente a un espejo o debajo de una ducha, y asistieran periódicamente a la peluquería, esperando, sin inquietud, el día o la noche en que habrían de ser devorados por una tribu de gusanos, molécula por molécula, átomo por átomo, hasta ser reducidos implacablemente a la nada?”.