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“¿Qué podía importarle el fracaso de una obra o de diez, el olvido de su felicidad, si ella, María, siempre existía y le amaba? ¿Qué valor podían alcanzar todos los males causados por su falta de disciplina mental, si el fuego sacro ardía siempre en su pecho? ¡María! ¡María! Y definiera o no lo esencial, ahí estaba: el amor y sobre todo chupar vida, fuese como fuese”.