“Novela fantasma de Carlos Droguett aparece por primera vez en Chile” por Leonardo Sanhueza en Las Últimas Noticias 28/08/2017 – Publicado en: Prensa

Fuente: LUN

El libro, editado originalmente en 1973, cuenta la demencial historia de un conquistador español que fundó una ciudad errante.

L a última novela que publicó Carlos Droguett nunca llegó a Chile. Editada en Barcelona en julio de 1973, El hombre que trasladaba las ciudades estaba esperando el momento adecuado para ser importada cuando de pronto llegó septiembre y la posible importación se postergó para el día del níspero. Al poco tiempo, además, su autor partiría al exilio en Europa, donde al fin se radicó en Suiza, donde permaneció durante dos décadas, hasta su muerte en 1996.

Cumplidos ya 44 años de su publicación, aquella novela fantasma ha sido reeditada por La Pollera Ediciones, que ha repatriado así ese perdido o muy desconocido eslabón de la bibliografía de Droguett.

Aunque fue la última novela que publicó el célebre autor de Eloy y Patas de perro , El hombre que trasladaba las ciudades es en realidad una de las primeras que escribió. No se sabe a ciencia cierta su fecha de composición: unos dicen que fue a comienzos de los años 40, pero en la novela, que transcurre desde 1550 en adelante, se afirma que han pasado 400 años “exactos” desde los hechos que se narran, es decir, habría sido escrita a partir de 1950. Sea como sea, junto a 100 gotas de sangre y 200 de sudor y Supay el cristiano , el libro integra su trilogía histórica sobre la Conquista, que fue compuesta sobre la base de las cédulas reales y crónicas de la época que el autor había investigado en los años treinta, cuando era estudiante de Derecho, mientras trabajaba en su memoria de título, que por lo demás nunca concluyó.

El protagonista de la novela es el militar español Juan Núñez de Prado, quien fue gobernador del Tucumán entre 1549 y 1553, entre cuyas obras se cuenta la fundación de la ya fabulosa ciudad de El Barco –actual Monteros, en Argentina–, cuyo náutico nombre se volvió casi en el acto inaugural una metáfora de lo que sería su existencia concreta: el pequeño caserío, de hecho, constantemente asediado por el “fuego amigo” de los otros conquistadores, muy pronto fue convertido por su capitán en una ciudad flotante, que iba de aquí para allá y de allá para acá, haciéndoles morisquetas a Pedro de Valdivia y su gente.

Droguett vio en ese episodio histórico un cruce entre la picaresca española y la épica de la Conquista, lo que desató su relato de aquellos días en términos tan demenciales como efectivamente se ven esos hechos a la distancia, con lo que sentó un curioso contrapunto literario con el realismo mágico. Como si fuera un precursor delirante de Fitzcarraldo, el capitán Juan Núñez, asediado por sus miedos y por la inminencia del poder de Pedro de Valdivia, decide defender su diminuto asentamiento con dientes y muelas, de la manera más inesperada posible: “… me llevaré la ciudad, dejaré las calles peladas, descuajaré las casas, esta noche arrancaré las puertas (…) Esta noche contaré las carretas, contaré los indios, en un día largo debiéramos estar cambiados, llevarnos la ciudad hasta las raíces, lo haremos por la noche, cuando la luz no sea tan violenta y la mudanza sea menos trágica y más novelera”.

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