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“Las mentiras de Andrés Montero” en Descartes periódicos por Juan Rodríguez

El martes 26 de julio publiqué, en la sección Cultura de El Mercurio, una entrevista al cuentacuentos y escritor Andrés Montero, a propósito de su novela Tony Ninguno (La Pollera Ediciones). En la nota escribí que en esta novela hay “mucho de ilusión y realidad, de mentira y verdad. Mucho de literatura: un misterioso árabe, que lleva consigo una copia de Las mil y una noches, llega al Gran Circo Garmendia junto a un silente niño. El niño y el libro se quedan a cargo de una joven trapecista que, sin embargo, empezará a ganar fama contando las historias de Sherezade. El resto -narrar y vivir lo narrado- se sigue de ahí”… Estas son las preguntas y respuestas completas.

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“El poder del intertexto y la performatividad en “Tony Ninguno”, de Andrés Montero” por Álex Saldías

Fuente: Lecturas imprecisas Las mil y una noches es uno de los textos más complejos y fascinantes de la literatura universal. Se estima que su primera compilación fue hecha hace aproximadamente mil doscientos años, en el siglo IX. No he leído el libro, pero conozco más o menos la estructura debido a las innumerables citas que hace Borges sobre esta obra, y fundamentalmente con lo que aprendí de ella a través de la novela Tony…

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“La mecánica del caleidoscopio. Sobre Lo Insondable, de Federico Zurita” por Álex Saldías

El caleidoscopio es un pequeño mecanismo de forma cilíndrica cuyo interior se encuentra recubierto por espejos. En una de las puntas del caleidoscopio hay un pequeño montón de cristales de colores. Estos cristales son reflejados hasta el infinito por los espejos. Si el usuario del caleidoscopio (quien mantiene su ojo pegado al otro extremo) hace girar el compartimiento exterior del juguete, podrá distinguir imágenes distintas cada vez que lo haga. Estas imágenes casi siempre son las de un triángulo, un rombo, un hexágono, entre muchas otras.

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Adelanto de la novela Tony Ninguno de Andrés Montero

Después recordé que ya lo había visto desde el aire, mientras volaba de un trapecio a otro. Había divisado sus ojos absortos en mi vuelo, en mis manos seguras, en el traje brillante que destellaba hacia sus ojos mudos por mi vuelo, por mi cuerpo suspendido en el aire, por mi cuerpo suspendido en el tiempo. Estaba sentadito al lado del árabe, pero parecía querer elevarse conmigo, porque alzaba el cuello como si intentara volar, también él.

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